Fiado o cuenta abierta: diferencias y cuál te conviene

Equipo editorial · Publicado 7 de noviembre de 2026 · 5 min de lectura

Ilustración sobre fiado o cuenta abierta: diferencias y cuál te conviene
En este artículo
  1. Qué es el fiado
  2. Qué es la cuenta abierta
  3. Diferencias que importan
  4. Lo que la ley dice sobre el plazo de cobro
  5. Qué te conviene según tu caso
  6. Un papel firmado cambia la historia
  7. Cómo llevar cualquiera de las dos sin perder el control
  8. En resumen

En la práctica, el fiado y la cuenta abierta se parecen mucho, pero no son lo mismo: el fiado es una venta puntual que se paga después; la cuenta abierta es un saldo corriente al que se le suman compras y se le restan abonos. Elegir bien entre fiado o cuenta abierta cambia cómo llevas el control, cuánto riesgo asumes y, en algunos casos, el plazo para cobrar.

Esto es información general y no sustituye la opinión de un abogado.

Qué es el fiado

El fiado es una venta que entregas hoy y cobras después: «llévese la despensa y me paga el viernes». Cada compra es un trato aparte, con su fecha, su monto y, a veces, su fecha de pago.

Legalmente, vender mercancía a crédito es una compraventa, en la que un contratante entrega algo y el otro se obliga «a pagar por ellos un precio cierto y en dinero» (Código Civil Federal, art. 2248). Cuando quien vende lo hace como comerciante, con propósito de especulación comercial, la ley lo trata como acto de comercio (Código de Comercio, art. 75, fracción I), y lo regula el Código de Comercio.

Sus ventajas: es simple, no exige acuerdos largos y cada deuda se entiende sola. Su riesgo: es fácil perder el hilo cuando un mismo cliente tiene varios fiados abiertos.

Qué es la cuenta abierta

La cuenta abierta es un acuerdo continuo: el cliente compra cuando necesita, tú sumas los cargos, él hace abonos cuando puede y se revisa el saldo cada cierto tiempo, a menudo cada quincena o cada mes. No importa qué compra se pagó con qué abono; importa el saldo.

Es común con clientes de confianza, con familias que compran todos los días o con negocios pequeños que se surten entre sí. Sus ventajas: es cómoda para ambos y fideliza. Su riesgo: el saldo crece sin que nadie lo sienta, y cuando por fin se revisa, las discusiones son sobre meses de historia.

Diferencias que importan

Aspecto Fiado Cuenta abierta
Cómo se cuenta Cada compra por separado Un saldo que sube y baja
Fecha de pago Suele haber una por compra Una fecha de corte o ninguna
Cómo se paga Se liquida cada fiado Se hacen abonos al saldo
Control Por partida Por cliente
Riesgo principal Olvidar fiados sueltos Saldo que crece sin límite

Lo que la ley dice sobre el plazo de cobro

Aquí hay un detalle que conviene conocer. El Código de Comercio establece que prescribe «en un año» la acción de los comerciantes al menudeo «por las ventas que hayan hecho de esa manera al fiado, contándose el tiempo de cada partida aisladamente desde el día en que se efectuó la venta, salvo el caso de cuenta corriente que se lleve entre los interesados» (art. 1043, fracción I).

Traducido: en un fiado, el reloj corre por separado para cada venta, desde el día en que se hizo. Y la ley deja aparte la «cuenta corriente» entre las partes, que tiene otro tratamiento.

Ojo: la ley habla de «cuenta corriente», un término jurídico. Que tu «cuenta abierta» califique como tal depende de lo que ustedes acordaron y de cómo se llevó. No lo des por hecho. Para el detalle de los plazos, consulta ¿En cuánto tiempo prescribe un fiado?.

Qué te conviene según tu caso

Sin recetas únicas, estas guías ayudan a decidir:

  • Cliente nuevo o poco conocido: fiado puntual, con monto bajo y fecha de pago acordada.
  • Cliente de años y compras diarias: cuenta abierta con un límite máximo y una fecha de corte (por ejemplo, el día de pago de su quincena).
  • Montos grandes: ni uno ni otro a palabra: pide un documento firmado. Si quieres saber cuándo sirve un pagaré, mira Pagaré: qué es, qué debe llevar y cuándo sirve para cobrar.
  • Personas que ya te quedaron mal: contado, o fiado solo cuando liquidaron lo anterior.

Sea cual sea tu elección, estas tres reglas aplican a ambas:

  1. Un límite por persona. Decide de antemano cuánto fías como máximo.
  2. Una fecha clara. «Me paga el viernes» o «cortamos el día 15».
  3. Un registro al momento. Si no está anotado, no existe.

Un papel firmado cambia la historia

La ley mercantil da un valor especial a ciertos documentos. Por ejemplo, traen aparejada ejecución «las facturas, cuentas corrientes y cualesquiera otros contratos de comercio firmados y reconocidos judicialmente por el deudor» (Código de Comercio, art. 1391, fracción VII). El pagaré es el ejemplo más conocido: un título de crédito en el que el deudor promete pagar una suma determinada y lo firma (Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, art. 170). Una libreta con anotaciones tuyas, sin firma del cliente, no es por sí sola ese tipo de documento. Un registro cuidadoso, con fechas y montos, sigue siendo valioso como apoyo, pero no sustituye una firma.

Cómo llevar cualquiera de las dos sin perder el control

La diferencia entre fiado y cuenta abierta se vuelve manejable con un registro por persona: cada cargo con su fecha, cada abono con la suya, y el saldo siempre a la vista. Puedes probarlo con la calculadora de saldo de un cliente: captura los cargos, los abonos y verás qué está vencido y qué no.

La app Libreta de Fiados MX, próximamente en tiendas, lleva la cuenta de cada persona, aplica los abonos al cargo más viejo y marca lo vencido. Funciona igual si fías por partidas o manejas cuentas abiertas, sin cuenta de usuario y sin internet.

En resumen

El fiado es una venta a crédito puntual; la cuenta abierta, un saldo corriente. Ninguna es mejor en todos los casos: el fiado da claridad por compra, la cuenta abierta comodidad con clientes de confianza. Lo que sí funciona siempre es poner límites, fechas y registro. Y para montos que duelen, pide un documento firmado.

Fuentes